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12 ¡Ustedes, los que van por el camino,
    deténganse a pensar
si hay dolor como el mío,
    que tanto me hace sufrir!
¡El Señor me mandó esta aflicción
    al encenderse su enojo!

13 El Señor lanzó desde lo alto
    un fuego que me ha calado hasta los huesos;
tendió una trampa a mi paso
    y me hizo volver atrás;
me ha entregado al abandono,
    al sufrimiento a cada instante.

14 Mis pecados los ha visto el Señor;
    me han sido atados por él mismo,
y como un yugo pesan sobre mí:
    ¡acaban con mis fuerzas!
El Señor me ha puesto en manos de gente
    ante la cual no puedo resistir.

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Jerusalén

12 Todos ustedes, que pasan y me ven,
¿por qué gozan al verme sufrir?
¿Dónde han visto a alguien
que sufra tanto como yo?
Cuando Dios se enojó conmigo,
me mandó este sufrimiento.

13 Intensa lluvia de fuego
ha enviado Dios sobre mí.
Mis huesos se han quemado,
y siento que me muero.
Dios me cerró el paso,
y me hizo retroceder.
Me dejó en el abandono;
mi sufrimiento no tiene fin.

14 Juntó Dios todos mis pecados
y me los ató al cuello.
Ya no me quedan fuerzas;
ya no los soporto más.
Dios me entregó al enemigo,
y no puedo defenderme.

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